Hill comentó que durante su primer mandato, conocer a la fallecida reina Isabel II era una obsesión para Trump, ya que representaba la «prueba definitiva de que había logrado el éxito en la vida».
Después de aquel encuentro histórico, Trump compartió con Piers Morgan en una entrevista para un periódico: «Mientras caminaba, le decía a Melania: ‘¿Te imaginas a mi madre viendo esto?’. En el castillo de Windsor».
Su interés por la realeza también era evidente al inicio de su carrera, según personas cercanas a él en ese período.
Wes Blackman, un urbanista que trabajó con Trump durante diez años en la década de 1990, recuerda que intentó atraer atención hacia Mar-a-Lago utilizando el nombre de Diana, Princesa de Gales, como potencial miembro.
En aquel entonces, Trump era considerado un novato en busca de reconocimiento, y el periódico The Palm Beach Daily News citó a miembros de la alta sociedad que mostraban escepticismo sobre el aparente interés de la realeza británica en su proyecto.
«Parece una estrategia de Trump para conseguir socios», comentó una mujer identificada como condesa Helene Praschma.
Otros mencionaron que Trump podría haber ofrecido membresías honorarias a la pareja real para beneficiarse de su imagen glamorosa.
Una fuente con conocimiento sobre los esfuerzos de promoción de Mar-a-Lago informó a la BBC que Trump le ofreció al entonces príncipe Carlos una membresía gratuita por un año.
Sin embargo, recibió una carta que amablemente declinaba la oferta y sugería que el constructor neoyorquino hiciera una donación a las causas ambientales del príncipe.
Según la fuente, a Trump le pareció una «gran carta».
Blackman también recuerda la carta y cómo Trump se obsesionó con ella.
«Para Donald Trump siempre ha sido crucial ser percibido como exitoso y parte de la historia«, afirmó. «Eso es lo que lo motiva».
En la década de 1980, mientras Trump buscaba triunfar como nuevo promotor inmobiliario en Nueva York, los tabloides informaron que el príncipe Carlos y la princesa Diana estaban interesados en adquirir un apartamento de 5 millones de dólares en la Torre Trump. Se ha sugerido que Trump mismo habría alimentado el rumor.
Posteriormente, la agencia de noticias Associated Press publicó un desmentido del Palacio de Buckingham, indicando que «no había ninguna verdad» en la noticia original.
Dickie Arbiter, portavoz de la reina Isabel II, comentó que en ese momento, Trump no era considerado en absoluto en la esfera de la realeza.
«La gente ha buscado a lo largo del tiempo obtener publicidad a través de la realeza. Emplearán comentarios llamativos y, a menos que sean difamatorios, la realeza no actuará al respecto. ‘Nunca explicar, nunca quejarse’ es su mantra«, explicó.
Trump abordó este episodio en «El arte de la negociación», aunque con una versión algo modificada. Relató que recibió una llamada de un reportero que le preguntó si era cierto que el príncipe Carlos había adquirido un apartamento en la Torre Trump.
Mencionó que eso ocurrió durante la semana del matrimonio de Carlos y Diana Spencer, quienes eran «la pareja más famosa del mundo». Afirmó que se negó a confirmar o desmentir el rumor, pero que la cobertura mediática contribuyó a la promoción de la Torre Trump.
Más de 20 años después, informes de prensa indicaron que Trump invitó al príncipe Carlos a su boda con Melania Knauss, celebrada en el gran salón de baile de más de 1,800 m² que había construido en Mar-a-Lago, un espacio inspirado en otra familia real.
Al diseñar su club, Trump se inspiró en el Salón de los Espejos de Luis XIV en el Palacio de Versalles.
Kristen Meinzer, experta en realeza, sostiene que Trump ha intentado durante años asimilarse a la realeza y crear a su alrededor una imagen aristocrática.
«Al adquirir Mar-a-Lago, adoptó el escudo de armas de los anteriores propietarios», explicó. «Se presenta a sí mismo como aristócrata, como si fuera parte de la realeza, y así ha estado durante toda su carrera».
Algunos observadores han indicado que Trump ve en la monarquía británica la estatura global que anhela para sí mismo.
«La familia real británica representa el pináculo de la alta sociedad del que siempre ha querido ser parte, por lo que asociarse con ellos significa obtener aceptación y legitimidad«, sostiene el politólogo Peter Harris, quien ha escrito sobre relaciones transatlánticas.
«Además, simplemente busca la atención de los tabloides… son dos mundos en una sola familia», añade Harris, profesor asociado en la Universidad Estatal de Colorado.
De acuerdo con Harris, Trump sabe que al visitar puede ser recibido con elogios y tener numerosas oportunidades de tomarse fotos y estrechar la mano del rey sin que nadie lo critique.
Hubo, no obstante, una figura de la realeza que capturó de manera especial el interés de Trump.
En su segundo libro, Trump reveló que su único «arrepentimiento en el ámbito de las mujeres» fue no haber tenido la oportunidad de cortejar a la princesa Diana de Gales, quien «iluminaba la habitación» y era «una mujer de ensueño».
Sin embargo, de acuerdo con Selina Scott, expresentadora de la BBC, Trump intentó salir con Diana tras su divorcio del príncipe Carlos en 1996, considerándola como «la esposa trofeo definitiva».
Scott escribió en el periódico The Sunday Times que Diana le expresó que Trump le «daba escalofríos» y que se preocupaba cada vez más por las rosas y orquídeas que llegaban a su apartamento.
Poco después de la muerte de Diana, Trump declaró en una entrevista de 1997 con el controvertido locutor Howard Stern que podría haberse acostado con la princesa fallecida.
Sin embargo, en 2016, negó haber tenido un interés romántico en ella, afirmando que simplemente le parecía «adorable».
Los comentarios de Trump sobre otras mujeres de la familia real han sido más críticos.
En 2012, culpó a Kate, ahora princesa de Gales, por las fotos que le tomaron mientras se bronceaba con el torso desnudo en unas vacaciones en Francia, las cuales fueron publicadas en una revista francesa.
Además, Trump ha calificado a Meghan Markle, duquesa de Sussex, de «terrible» y «desagradable», mientras ella lo ha descrito como «divisivo» y «misógino» durante la campaña de 2016.
No obstante, esto no afectará su visita de Estado al Reino Unido, según Arbiter, quien señala que la realeza está habituada a recibir a todo tipo de líderes y no permitirá que los comentarios anteriores les afecten.
«El rey hará que Trump se sienta bienvenido y Trump será como plastilina en sus manos porque disfruta de la idea de una visita de Estado y de su aspecto ceremonial«, comentó.
Finalmente, Trump, el niño que una vez observó a su madre venerar a la realeza, ahora comparte espacios con ellos, atrayendo la atención mundial.
(Imagen: Getty Images)
PURANOTICIA // BBC MUNDO
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