Editorial: Navidad: Una enseñanza de humildad envuelta en amor.

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Sin lugar a dudas, la Navidad es una de las festividades más relevantes en todo el mundo. No es necesario ser religioso para celebrarla. Los regalos, los árboles adornados con luces y los incansables viejitos pascueros en busca de obsequios son parte del escenario, pero ¿es eso realmente lo que representa la Navidad?

Desde una perspectiva religiosa, esta fecha conmemora el nacimiento de Jesús. En la Biblia, Lucas, en el capítulo dos, versículos 1 a 20, detalla ese evento. Ese relato nos invita a reflexionar sobre la humildad y a los creyentes nos llama a aceptar la voluntad de Dios, obedecerle y tener fe en Él.

Sin embargo, la Navidad va más allá de ese mensaje. Estas fechas tienen una forma peculiar de desnudarnos emocionalmente. ¿Por qué Dios decidió revelarse de la manera en que lo hizo en Belén?

Si la intención de Dios hubiera sido impresionarnos, habría optado por un palacio o un castillo para el nacimiento de su hijo. Si buscaba intimidarnos, habría creado un ejército para demostrar su poder, pero todo sugiere que el verdadero propósito de esta fecha es transmitir un mensaje centrado en dos conceptos fundamentales: Humildad y Amor.

Al regresar al relato de Lucas, observamos lo que sucede a un niño, a una madre, a un pobre y a un extranjero. ¿No les resulta familiar la historia 2025 años después? Si logramos empatizar con ese momento en el pesebre, cualquier rastro de soberbia que tengamos queda desarmado.

¿Cómo podemos considerar superiores a nuestros semejantes si Dios eligió el camino de la sencillez? La Navidad trasciende los adornos, las figuras y los regalos; es una crítica profunda y consciente a nuestras jerarquías de vanidad, al culto de la apariencia y a la búsqueda del éxito ruidoso.

Si el Ser más grande del universo opta por un pesebre para revelarse, ¿qué lugar nos queda a nosotros? El concepto de humildad es quizás el mensaje que debe hacerse palpable en estas fechas. Una humildad bien entendida implica sencillez, respeto y, sobre todo, apertura hacia los demás, que es una cualidad humana que a menudo nos cuesta adoptar. Ser humilde no equivale a ser débil; al contrario, es tener la inteligencia emocional para valorar al otro, reconocer nuestros propios errores y construir relaciones sanas.

Este año 2025, Chile cierra un ciclo marcado por una difícil elección presidencial entre extremos que nos han dividido. Pero parece ser que la humildad también puede fortalecer nuestra democracia. Así como nos sorprendió el primer discurso de Kast como Presidente electo, también nos alegra su encuentro en La Moneda con Boric y Bachelet. No hay vanidad, no hay soberbia; hay humildad.

Ese es el mensaje que Dios intentó transmitir con el nacimiento de Jesús en Belén, un recordatorio que esperamos refleje nuestra sociedad, que a menudo carece de humildad. Les deseo una Feliz Navidad y les animo a reflexionar sobre el verdadero significado que deseamos para nuestros seres queridos durante esta festividad.

Con Información de puranoticia.pnt.cl

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