En tiempos pasados, cuando el fútbol no era la industria que existe actualmente, se escribieron páginas destacadas en la historia del fútbol nacional, particularmente en La Calera.
Cuando la ciudad presentaba características diferentes y los caleranos comenzaban a experimentar la pasión que hoy forma parte de su identidad, emergió un club que plantó las bases para lo que posteriormente se reconocería como fundamental en el balompié local.
El Club Fosfatos Cemento Melón contó desde sus inicios con grandes jugadores, quienes fueron contratados como trabajadores de la empresa cementera y participaban desde 1925 en la primera liga de fútbol de La Calera bajo la denominación de Deportes Cemento Melón, compitiendo ante equipos como Ferroviarios, Independiente, Calera Comercio, Victoria, Minas Calera, Minas Melón, Hacienda el Melón, Argentina y Magallanes de Hijuelas.
El poderío del conjunto cementero se basaba en su capacidad económica e infraestructura, disponiendo del Estadio Cemento Melón, una cancha con pasto, tribunas de concreto con capacidad para dos mil espectadores y los trabajadores de la empresa como socios.
Por esta razón, cuando en 1940 se creó la Asociación Porteña de Fútbol Profesional, conocida también como Liga Porteña o División de Honor de Valparaíso, el equipo cementero decidió participar.
En esta liga competían varios clubes de Valparaíso y Viña del Mar, incluyendo a Santiago Wanderers y Everton. Fosfatos Cemento Melón se incorporó en 1941 y al año siguiente logró ser subcampeón de la exigente competencia, demostrando su nivel en aquella época.
El nivel del equipo cementero era tal que contó con dos entrenadores ex mundialistas. Uno de ellos fue Pedro Mazullo, quien fue campeón mundial con Uruguay en 1930 y en Chile dirigió la selección nacional en dos torneos Sudamericanos (1937 y 1939).
Mazullo estaba a cargo del equipo adulto, que reunía grandes jugadores locales como Francisco Rocco, Víctor Omar, Alberto Mena, Elías Arriagada, Heriberto Córdova, Juan Gustavo Estay, Rubén Cerda, Pedro Vicentella, Viterbo Valdivia (padre), Manuel Córdova y Aníbal Belmar.
El otro entrenador era Guillermo Saavedra, conocido como «el Monumento», seleccionado chileno en el Mundial de 1930 y jugador histórico de Colo Colo, quien trabajaba particularmente con el equipo juvenil de Fosfatos Cemento Melón, denominado popularmente «Fosfatín», donde destacaban Rigoberto Álvarez, Carlos Méndez, Hugo Vera, Leiva, Luis Segura, Víctor Lafitte, Pedro Jaime, Mario Díaz, Eduardo Donoso y César Vera.
Un año después de su llegada para trabajar con el fútbol de la fábrica cementera, Guillermo Saavedra instaló una tienda de artículos deportivos en La Calera, la primera de esta especialidad en la ciudad, ubicada en calle Carrera 719, entre Diego Lillo y Aldunate. Su presencia, por su trayectoria y popularidad, contribuyó significativamente a la masificación del fútbol calerano y le otorgó proyección nacional.
Guillermo Saavedra se desempeñó como entrenador de Fosfatos Cemento Melón durante ocho años, período en el cual transmitió sus conocimientos a los futbolistas caleranos, quienes demostraban su progreso al vencer a los rivales que enfrentaban.
Cuando Guillermo Saavedra dejó de ser el entrenador de los cementeros, publicó una carta de despedida en el diario La Unión de Valparaíso, donde manifestaba: «Pongo en conocimiento de ustedes que, desde este mes he dejado de ser entrenador de football de la Fábrica de Cemento El Melón, para dedicarme de lleno a mis actividades comerciales. Siento haber dado este paso, pero mis preocupaciones en mi negocio de artículos para deportes, no me permiten atender con la debida atención los entrenamientos, y así perjudicaría al equipo en sus actuaciones posteriores».
El futuro de Fosfatos Cemento Melón estuvo ligado a los cambios que experimentaba el contexto. La División de Honor del Fútbol de Valparaíso no se recuperó de la salida de Santiago Wanderers y Everton. El público se alejó de las canchas y esa liga desapareció. Fosfatos Cemento Melón evaluó la posibilidad de ingresar al fútbol profesional, es decir, a la Asociación Central de Fútbol, para competir con equipos de Santiago, pero al parecer la empresa se opuso.
La revista «Cemento», publicación interna de la fábrica en aquella época, reflejaba cierta tensión interna entre Fosfatos y el Club Deportivo Cemento Melón, que agrupaba las demás disciplinas deportivas. Ambas instituciones cementinas buscaban llegar a un convenio de ayuda mutua que funcionara como un «pacto de honor» para proteger derechos legítimos y personales. El Sr. Manuel Frugone Biale, ex interventor, recibió la misión de confeccionar la «Carta del Polvillo», con el propósito de que ambos clubes resolvieran sus diferencias.
En diciembre de 1945, Fosfatos cambió de nombre y pasó a llamarse Club de Deportes Cemento Melón, última denominación que tuvo el equipo de fútbol de la fábrica cementera, con la que compitió en la liga local e intentaría dos veces ingresar al profesionalismo sin éxito, hasta que en 1955 se concretó la histórica fusión con Deportes La Calera, dando origen a Unión La Calera.
Con Información de www.observador.cl




