sábado, 1 de agosto de 2026
Nacional

Profesionales de la salud advierten sobre la importancia de identificar el síndrome de burnout antes de su consolidación

En las carreras y profesiones de la salud, el compromiso se expresa habitualmente a través de jornadas extensas, alta responsabilidad y disponibilidad permanente. Cuando esta exigencia se mantiene de forma continua sin descanso, apoyo ni recuperación adecuados, puede manifestarse el burnout: agotamiento emocional, distanciamiento y disminución de la sensación de eficacia. En Chile, un 28% de las personas trabajadoras experimenta burnout frecuente u ocasional, lo que indica que el desgaste no constituye un caso excepcional.

El problema no surge de un evento aislado ni debe confundirse con el cansancio común tras una semana de intenso trabajo. Se desarrolla de manera gradual. Puede iniciarse con dificultades en la concentración, irritabilidad, pérdida de motivación o la sensación continua de no cumplir con lo esperado. Con el transcurso del tiempo, afecta el aprendizaje, el desempeño, las relaciones dentro del equipo y la vinculación con pacientes y familias.

En los estudiantes de salud, el desgaste puede presentarse al combinar clases, evaluaciones, prácticas clínicas y contacto temprano con situaciones complejas. Se suma el temor a cometer errores, la presión por demostrar competencias y la dificultad para separar el estudio de la vida personal. En los profesionales, las exigencias están relacionadas con los turnos, la carga asistencial, las decisiones clínicas, las tareas administrativas y la exposición continua al dolor y la incertidumbre.

Por esta razón, el burnout no debería interpretarse únicamente como una dificultad individual. Dormir mejor, organizar el tiempo y mantener actividades personales son medidas importantes, pero resultan insuficientes cuando existen cargas excesivas, escaso apoyo del equipo o ambientes que dificultan solicitar ayuda. La prevención requiere equilibrar la responsabilidad personal con condiciones académicas y laborales sostenibles.

Las universidades pueden contribuir mediante una distribución razonable de las evaluaciones, tutorías accesibles, preparación emocional para las prácticas y mecanismos claros de acompañamiento. Los centros de salud, por su parte, deben favorecer la coordinación de los equipos, pausas efectivas, comunicación respetuosa y apoyo posterior a situaciones clínicas difíciles. También es fundamental identificar las señales tempranas y orientar oportunamente.

Hablar de burnout no significa disminuir la exigencia inherente a las profesiones sanitarias. Significa comprender que la calidad del cuidado depende también de las condiciones en que las personas estudian y trabajan. Reconocer el desgaste, conversar sobre él y actuar antes de que se profundice permite proteger la formación, el ejercicio profesional y la seguridad de quienes reciben atención.

El desafío consiste en avanzar hacia una cultura en la que cuidar a quienes cuidan sea parte de la responsabilidad educativa y sanitaria. Prevenir el burnout no es una acción secundaria, sino una forma concreta de sostener equipos competentes, relaciones humanas respetuosas y una atención de salud de mejor calidad.

Con Información de g5noticias.cl

editor

Redacción.

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