miércoles, 19 de agosto de 2026
Nacional

Académico cuestiona viabilidad del hidrógeno verde en Chile ante fragilidad de la matriz energética nacional

Mientras el Ministerio de Energía preparaba en julio un decreto preventivo de racionamiento, el primero desde 2021, por la escasez hídrica y la indisponibilidad de centrales clave, en paralelo seguía hablándose de Chile como potencia mundial del hidrógeno verde, con más de 70 proyectos en cartera y proyecciones de inversión que rozan los US$45.000 millones al 2030. La coincidencia refleja una desconexión que se ha postergado durante años.

El argumento detrás de la apuesta chilena por el hidrógeno verde ha sido consistente: sol y viento de clase mundial, electricidad renovable abundante y, por tanto, costos de producción entre los más bajos del mundo. Este argumento es correcto, pero incompleto. Poseer recursos energéticos altamente disponibles no equivale a contar con un sistema eléctrico capaz de entregarlos de manera firme, continua y a un costo estable. Este es el punto ciego que la crisis de julio dejó en evidencia.

Chile sigue importando prácticamente todo el petróleo, el carbón y el gas natural que consume, insumos que representan más de la mitad de la energía primaria del país. La generación hidroeléctrica, aún columna vertebral del sistema, depende de lluvias que el retraso de El Niño volvió impredecible. Las denominadas «autopistas eléctricas», la infraestructura de transmisión, avanzan muy por detrás del ritmo de instalación de parques solares y eólicos. El resultado es una paradoja: sobra energía limpia en las horas de sol, pero el sistema carece de medios para moverla, almacenarla ni respaldarla cuando el recurso natural falla. Se desechan miles de GWh de generación renovable cada año por vertimiento, simultáneamente a que se estudia un racionamiento por falta de abastecimiento firme. Ambas situaciones responden a la misma causa.

La discusión pública sobre hidrógeno verde en Chile se ha concentrado casi exclusivamente en la competitividad de costos frente a Australia o Medio Oriente, como si el desafío fuese únicamente reducir el precio por kilo. Sin embargo, el hidrógeno verde es, ante todo, un problema de ingeniería de sistemas: de cómo se integran la generación intermitente, el almacenamiento y una demanda industrial que requiere electricidad disponible con un factor de planta razonable para que la electrólisis sea viable. Un electrolizador funciona con energía entregada, contratada y robusta, no con expectativas de recurso solar.

El precio importa, pero la variable que realmente decide si un proyecto de hidrógeno se construye es la certeza de suministro a diez o veinte años. Esa certeza, actualmente, no existe. Se le pide a la industria del hidrógeno sostener la transición energética completa del país sin haber resuelto previamente la fragilidad estructural de la matriz sobre la que esa industria debería apoyarse.

El vertimiento que hoy representa un fracaso de planificación podría ser, pensado como sistema, el insumo que impulse al hidrógeno verde local. Electrolizadores ubicados junto a parques solares con vertimiento crónico no compiten por energía cara ni escasa, sino que aprovechan electricidad que actualmente se desaprovecha. Es la integración entre generación excedente, almacenamiento y demanda industrial la que determina si se construye una industria de hidrógeno con sentido, o si continúa anunciándose gigavatios de proyectos que se estancan en evaluación ambiental mientras el país negocia decretos de racionamiento.

La actualización de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde 2026-2030 ha comenzado a orientarse en esa dirección, priorizando demanda interna y capacidades industriales sobre la promesa exportadora inmediata. Sin embargo, mientras no se resuelvan la transmisión, la diversificación de respaldo y la resiliencia hídrica del sistema eléctrico, cualquier estrategia de hidrógeno seguirá construida sobre una base frágil ante la próxima sequía. No se trata de elegir entre robustecer la matriz o desarrollar el hidrógeno verde: son la misma tarea de ingeniería, vista desde dos ángulos, y seguir tratándolas por separado representa la verdadera oportunidad que se deja sin aprovechar.

Con Información de g5noticias.cl

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Redacción.

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