lunes, 24 de agosto de 2026
Nacional

Clima laboral adverso afecta múltiples dimensiones de la salud de los trabajadores, advierte especialista en medicina ocupacional

Habitualmente, al considerar los riesgos para la salud en el ambiente laboral, se piensan en factores como ruido, sustancias químicas, movimientos repetitivos o accidentes. No obstante, rara vez se consideran aspectos como estilos de liderazgo inadecuados, cargas de trabajo insostenibles, falta de reconocimiento o escaso control sobre las propias tareas. La evidencia científica, sin embargo, obliga a ampliar la noción de riesgo laboral: un ambiente desfavorable no solamente afecta el bienestar emocional, sino que también puede influir en el funcionamiento del organismo.

Investigaciones realizadas en trabajadores demuestran que el job strain, entendido como la combinación de altas exigencias y escaso control sobre el propio trabajo, se encuentra asociado con un mayor riesgo de enfermedad coronaria. De igual forma, se ha vinculado con diabetes y, en menor medida, con accidente cerebrovascular isquémico. Por consiguiente, la problemática trasciende la simple afirmación de que el estrés laboral incrementa la presión arterial.

Cuando enfrentamos una situación estresante, el organismo despliega mecanismos de respuesta para adaptarse a lo que identifica como una amenaza: incrementa la frecuencia cardíaca, se activa el sistema nervioso simpático y se liberan hormonas como el cortisol, permitiendo responder al estado de peligro y garantizar la supervivencia. No obstante, cuando la exposición al estrés no constituye un evento aislado sino un factor permanente en el tiempo, ese estado de alerta también persiste. El organismo activa sus sistemas de alarma repetidamente sin poder recuperar el equilibrio y, transcurridos meses o años, se genera inflamación crónica, alteraciones metabólicas y cambios en la respuesta inmunológica. Se suma a esto un efecto menos evidente: el estrés prolongado comienza a deteriorar hábitos cotidianos. El sueño se ve afectado, disminuye la actividad física, la alimentación se vuelve menos saludable o aumenta el consumo de tabaco. De este modo, el desgaste laboral termina potenciando otros factores de riesgo.

Esta situación plantea un desafío significativo para la salud ocupacional en Chile. Aunque el cuestionario CEAL-SM/SUSESO ha permitido avanzar en la identificación de riesgos psicosociales, aún prevalece una tendencia a analizar sus consecuencias fundamentalmente desde la perspectiva de la salud mental. ¿Qué sucede con quien nunca tramita una licencia médica psiquiátrica, pero permanece durante años expuesto a altas demandas, poco control sobre sus funciones, relaciones deterioradas o apoyo insuficiente? Precisamente allí radica el punto donde el problema es más difícil de detectar: una crisis hipertensiva, una enfermedad metabólica o un trastorno digestivo raramente se relacionan con el clima laboral en las estadísticas empresariales. Esto no implica atribuir automáticamente cada enfermedad física al trabajo, sino reconocer que las condiciones laborales pueden ser parte de la causa.

Por esta razón, circunscribir las intervenciones de prevención de riesgos psicosociales a talleres para manejar el estrés resulta inefectivo si los trabajadores regresan posteriormente a la misma sobrecarga o a las mismas prácticas organizacionales sin cambios. Las estrategias más efectivas son aquellas que modifican el trabajo mismo: mayor autonomía, jefaturas capacitadas en herramientas de liderazgo y retroalimentación, reconocimiento acorde al esfuerzo, y mecanismos efectivos contra el acoso y la violencia laboral.

Cuidar el ambiente de trabajo es, literalmente, cuidar el corazón de quienes trabajan. Y son ellos quienes sostienen, en la práctica, el de la organización.

Con Información de g5noticias.cl

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Redacción.

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