El programa de educación ambiental «Tras las huellas del pudú, morador del bosque chilote», impulsado por el Centro de Estudio y Conservación del Patrimonio Natural (CECPAN), parte de una premisa central: conocer el bosque para conocer al pudú (Pudu puda).
La iniciativa aborda la relación entre este pequeño ciervo, el bosque nativo y las actividades humanas que amenazan su conservación. Busca que estudiantes de distintas escuelas se acerquen a la especie, conozcan el lugar donde vive y comprendan las relaciones que establece con otros seres vivos, así como las amenazas que enfrenta y las acciones que contribuyen a prevenirlas.
El proyecto es financiado por el Fondo de Protección Ambiental (FPA) del Ministerio del Medio Ambiente para el período 2025-2026. En esta primera etapa, las actividades se desarrollan en tres establecimientos del archipiélago: la Escuela Rural El Palomar, la Escuela Rural de Puente Puntra y la Escuela Rural de Chepu Alla Mapu, y están dirigidas a estudiantes de tercero y cuarto básico.
La propuesta contempla cuatro unidades educativas, talleres prácticos con estudiantes y un sistema de evaluación inicial y final destinado a observar los cambios asociados al proceso. Como parte de una segunda etapa de trabajo, los materiales educativos serán entregados de manera gratuita a otros establecimientos para que puedan implementar el programa de forma autónoma.
Conocer para comprender: del bosque al pudú
La primera unidad, «El bosque chilote un hogar compartido», está dedicada al aprendizaje y la valoración de la biodiversidad y el ecosistema del bosque chilote. A través de distintas actividades, los estudiantes conocen dónde habita el pudú y las diferentes capas que componen el bosque, junto con las características de cada una.
«Que pueda haber un aprecio y conocimiento del bosque chilote», explica Carolina Rodríguez, geógrafa e integrante de CECPAN, quien está a cargo del proyecto.
La segunda unidad, «Pudú por un día», se concentra directamente en la especie y busca promover la empatía y el conocimiento sobre aspectos básicos de la biología y la ecología del pequeño ciervo chilote. En ella, los estudiantes aprenden sobre sus características, alimentación, reproducción y otros elementos de su vida cotidiana.
La tercera unidad, «El pudú y sus vecinos del bosque chilote», amplía la mirada hacia las relaciones que mantiene el pudú con otras especies. Se trabaja la importancia de la trama trófica o redes alimenticias y sus interacciones directas o indirectas con la biodiversidad del bosque nativo.
La cuarta unidad, «#AlertaPudú», que lleva el mismo nombre de la campaña en redes sociales del proyecto, aborda las principales amenazas que enfrenta la especie: los atropellos, los ataques de perros, la tenencia irresponsable de mascotas y la pérdida de hábitat por procesos de deforestación, parcelaciones, construcción de caminos, entre otros.
Frente a estas problemáticas, el programa incorpora prácticas de prevención, como medidas concretas para evitar atropellos, la tenencia responsable de mascotas y un uso consciente de la madera y de los productos derivados del bosque.
La pedagogía de la iniciativa
En materia metodológica, el programa utiliza fotografías, dibujos, juegos, representaciones, dinámicas sensoriales, materiales reutilizados, recursos audiovisuales y actividades al aire libre.
Cada unidad tiene una duración mínima de 90 minutos y contempla la participación de los docentes. Según las posibilidades de cada establecimiento, algunas actividades pueden realizarse también en espacios naturales cercanos.
El programa incluye, además, un instrumento diagnóstico que se aplica antes de comenzar las unidades y nuevamente al finalizar la cuarta etapa, con el fin de observar posibles cambios relacionados con el proceso educativo.
Aunque la implementación actual se realiza con estudiantes de tercero y cuarto básico, la propuesta contempla la posibilidad de adaptar sus contenidos y actividades a otros niveles y establecimientos, e incluso su utilización con personas adultas.
Ampliar el alcance a nuevas escuelas y procesos
La experiencia que se desarrolla actualmente en las tres escuelas busca proyectarse más allá de los establecimientos donde el equipo de CECPAN realiza directamente los talleres.
Para ello, una de las próximas etapas contempla la producción y entrega física de los materiales educativos elaborados en el marco del proyecto, que serán distribuidos de forma gratuita a las escuelas del archipiélago interesadas en desarrollar el programa por sí mismas.
«Nos gustaría que este programa de educación ambiental tenga un alcance mayor», señala Rodríguez. La posibilidad de realizar directamente las actividades en muchas escuelas está limitada por las capacidades del propio equipo, por lo que, explica, se optó por producir el material para que pueda quedar a disposición de las comunidades educativas.
La entrega de los materiales se encuentra en etapa de organización y planificación, y CECPAN espera comenzar la distribución física del material educativo generado durante el proyecto en las próximas semanas o meses.
La propuesta considera también un trabajo con educadores tradicionales del archipiélago. El equipo está planificando un taller para compartir el programa y sus materiales, de manera que posteriormente puedan llevarlos a sus escuelas y utilizarlos durante el año escolar.
Concientización y educación para la conservación ambiental
Para Rodríguez, una de las particularidades de la propuesta es que está centrada en una sola especie, lo que permite profundizar en distintos aspectos relacionados con su conservación: el hábitat, sus características, las relaciones con otros seres vivos y las amenazas que enfrenta.
«Cuando uno busca realizar acciones de conservación sobre una especie, una de las líneas de trabajo más importantes también es la concientización y la educación ambiental», plantea.
Durante la implementación en las escuelas, el equipo también ha observado el interés de los estudiantes por el pudú. Rodríguez destaca que niñas y niños llegan con conocimientos sobre la especie y que estos pueden transmitirse también en sus hogares.
La intención de esta nueva etapa es que los materiales elaborados lleguen a otros establecimientos del archipiélago y que cada comunidad educativa pueda utilizarlos y adaptarlos de acuerdo con sus propias condiciones y necesidades.
De este modo, el trabajo que comenzó en tres escuelas busca ampliar la circulación de conocimientos sobre el pudú, el bosque que habita y las amenazas que enfrenta, dejando herramientas para que otros procesos pedagógicos puedan continuar abordando estos contenidos desde sus territorios.
En Chiloé, donde el bosque constituye uno de los principales entramados biológicos y comunitarios de la vida, comprender al pudú (Pudu puda) y las amenazas que enfrenta resulta fundamental para cuidar las relaciones que sostienen este ecosistema. Las huellas de este pequeño habitante del bosque nativo forman parte de una memoria biocultural ligada al territorio, cuyo reconocimiento y valoración son también parte de los desafíos de su protección.
¿Qué sabemos del pudú y su estado de conservación?
El pudú (Pudu puda), cuyo estado de conservación en Chile es vulnerable (VU) y que a nivel internacional se ubica en la escala de casi amenazado (NT), es uno de los ciervos más pequeños del mundo: alcanza una altura entre 40 y 55 cm y un peso aproximado de 7 a 10 kg. Su pelaje es uniforme, de color café, con tonalidades que varían de más claras a más oscuras. Los machos desarrollan astas, que aparecen a partir del primer año y se renuevan anualmente.
Se considera un animal solitario, que ha podido observarse en grupos de hasta tres individuos. En Chile se encuentra desde la región del Maule hasta la región de Aysén, y su presencia es más frecuente entre las regiones del Biobío y Los Lagos. Habita el bosque y vive asociado a zonas de bosques húmedos, templados o fríos, con abundante vegetación. Su dieta, principalmente herbívora, se basa en helechos, arbustos, enredaderas y frutos.
Con Información de g5noticias.cl




