La expresidenta Michelle Bachelet dijo que no se quedaría en su casa haciendo cazuelas y que está disponible para un tercer período presidencial, en un anuncio que descompensó a mucha gente, según plantea el columnista Roberto Silva Bijit, fundador del diario «El Observador».
La declaración se produjo durante una entrevista, cuando la académica que la entrevistaba le preguntó: «¿No hay segunda sin tercera?», en alusión al folclore nacional y a las tres patitas con que se baila la cueca. Bachelet respondió que sí, y que incluso le gustaría más.
El columnista evoca también un episodio previo, cuando un diputado de derecha le dijo a la expresidenta que mejor se quedara en casa tejiendo. Silva Bijit defendió ambas actividades: aliñar una cazuela es, a su juicio, el gran secreto de ese plato y permite saber si una persona está «aliñada» para enfrentar la vida, mientras que tejer una bufanda o un chaleco abrigador con la buena lana que produce el país es algo que no debería mirarse en menos.
Mientras toda la izquierda alaba a Bachelet, la felicita y le reconoce capacidad para aglutinar al sector, el autor considera que la situación es dramática. Con la secuencia Bachelet – Piñera – Bachelet – Piñera, el país pasó 16 años de su historia gobernado por dos personas que, según escribe, tenían un ego tremendo y se sentían salvadores del país. Un período está bien, argumenta, pero dos es demasiado.
El columnista advierte además que Chile se mueve como un péndulo entre la izquierda y la derecha, una alternancia que compara con un «chiste repetido, chiste podrido» y que atribuye a que la población no queda conforme con ninguno de esos gobiernos y se cambia al otro extremo, lo que a su parecer refleja poca imaginación.
Bachelet fue presidenta entre 2006 y 2010 y entre 2014 y 2018. Para el autor, ella terminó con la Concertación: Ricardo Lagos no había aceptado que el Partido Comunista ingresara a la vida democrática, pero ella incorporó a los comunistas y Chile cambió. La columna le atribuye también haber hecho entrar casi a la fuerza a 120.000 haitianos al país, algo que en su opinión no fue una buena idea, y haber estado de acuerdo con la Constitución que rechazó el 62% de los chilenos. Sus cambios en la economía y en el orden político habrían iniciado una polarización que no se ha detenido y que pone en riesgo la gobernabilidad de Chile.
Silva Bijit sugiere que la derrota en la ONU le habría creado problemas de autoestima y la llevó a anunciar su postulación sin importarle nada ni nadie, de manera sorpresiva tratándose de una persona muy cautelosa. A fines del mes pasado cumplió 75 años, edad de retiro, y el columnista señala que mucha gente más joven la mira con preocupación, porque temen que se transforme en un peligro electoral.
En un Chile tan dividido, donde los odios son más profundos, el autor anticipa que esta vez la expresidenta lo pasará mal: ya ha comenzado una campaña por dar a conocer situaciones de su vida, de sus comienzos políticos como extremista y de sus complejas decisiones como gobernante, una serie de temas que deberá enfrentar ante una opinión pública que no entiende bien qué hace la primera mujer de Chile en ser Presidenta de la República al buscar un tercer tiempo en La Moneda.
El columnista agrega que, con los 19 millones mensuales que se le pagan con los impuestos de todos los chilenos, Bachelet debería cumplir un papel distinto al de política partidista y sectaria: aportar con altura de miras, con más ojos de estadista y promoviendo los acuerdos y la unidad nacional.
Con Información de www.observador.cl




