Las disputas entre hermanos representan una de las situaciones más comunes en los núcleos familiares y, a pesar de generar preocupación en padres y cuidadores, los especialistas consideran que constituyen una parte normal del desarrollo infantil. Lejos de indicar falta de afecto, estos enfrentamientos suelen estar asociados a procesos de maduración emocional, búsqueda de atención y adquisición de competencias sociales.
En la primera infancia, los menores aún están en proceso de desarrollar la capacidad de controlar emociones como la ira, la frustración y los celos, razón por la cual las discusiones tienden a ser más impulsivas e intensas. Asimismo, entre hermanos surge de manera natural cierta competencia por la atención, el reconocimiento y el cariño de los adultos. No obstante, estas vivencias también facilitan el desarrollo de habilidades esenciales como la negociación, el respeto de turnos, la resolución de conflictos y la empatía. Las relaciones fraternales suelen convertirse en uno de los primeros espacios donde niños y niñas aprenden sobre la convivencia y el manejo de desacuerdos.
La situación problemática surge cuando los conflictos son persistentes, presentan elevados niveles de agresión o cuando los adultos intervienen mediante la comparación o el favoritismo. Los especialistas alertan que comparar hermanos puede propiciar rivalidad, frustración y afectar la autoestima.
Ante estas circunstancias, se sugiere que padres y cuidadores eviten buscar rápidamente «responsables», sino que acompañen el conflicto enseñando estrategias constructivas para resolver diferencias. Mantener la serenidad, escuchar ambas perspectivas, reconocer emociones y fijar límites claros frente a agresiones físicas o verbales resulta más efectivo que aplicar castigos impulsivos.
También resulta fundamental evitar calificativos como «el conflictivo» o «el sensible», puesto que pueden consolidar dinámicas negativas en la familia. Estas interacciones se interpretan como parte del aprendizaje social y emocional. Más que suprimir completamente las peleas, el objetivo radica en acompañarlas de forma respetuosa y segura, facilitando que niños y niñas adquieran herramientas para convivir, comunicarse y resolver conflictos durante su vida.
Daniela Estobar
Académica Escuela Terapia Ocupacional
Universidad Andrés Bello
Con Información de laregionhoy.cl




