Hasta hace poco tiempo, las empresas tenían el control total sobre las reglas del mercado. Ellas determinaban qué era considerado innovador, qué constituía una tendencia y cómo debía definirse la calidad. Sin embargo, este panorama ha experimentado un cambio radical.
En la actualidad, los consumidores cotejan opciones, realizan investigaciones, formulan preguntas y modifican sus preferencias con rapidez, al tiempo que demandan respuestas inmediatas. Pueden encontrar un producto a través de TikTok, consultar opiniones en segundos, contrastar precios mientras se encuentran en un comercio físico y formar un juicio sobre una marca en pocos minutos.
Esta transformación también ha impactado la forma en que las empresas interactúan con sus clientes. La oferta de un producto de calidad ya no es suficiente. Las organizaciones necesitan comprender de manera más profunda a quienes constituyen su audiencia.
En sectores como el de la belleza, esta tendencia es evidente cotidianamente. Los consumidores no solo valoran la eficacia; buscan experiencias que se alineen con su estilo de vida, sus principios y sus expectativas emocionales. De acuerdo con McKinsey, la personalización ha dejado de ser un objetivo aspiracional y se ha convertido en una de las principales exigencias del consumidor contemporáneo, particularmente en ramas relacionadas con la experiencia y el bienestar.
La inteligencia artificial ha funcionado como un factor acelerador en este proceso de cambio. No obstante, adaptarse a este contexto requiere reconocer que los consumidores esperan coherencia, evidencia, transparencia y logros concretos de parte de las empresas, en especial respecto a sostenibilidad. El desafío no se limita al desarrollo de tecnología, sino a su aplicación para establecer vínculos más pertinentes, más cercanos y más provechosos.
En L’Oréal experimentamos esta evolución de manera constante. A través de la tecnología, hemos conseguido proporcionar a nuestros usuarios experiencias significativamente más personalizadas, inclusivas y responsables, siempre sustentadas en el conocimiento exhaustivo que poseemos sobre la diversidad de requerimientos de cada individuo, o como lo expresamos: «beauty for each».
Porque, en última instancia, el consumidor actual no aspira solamente a adquirir un producto. Busca establecer una relación de confianza.
En un contexto en el que se dispone de mayor información, más opciones y mayor capacidad de decisión que en cualquier momento anterior, la ventaja competitiva ya no la determinarán necesariamente las organizaciones más grandes, sino aquellas que logren comprender con mayor profundidad a las personas.
Con Información de g5noticias.cl




