Existe una contradicción significativa en la forma en que nos referimos a los habitantes del planeta. Aunque se reconoce la necesidad de avanzar en este aspecto, los pasos concretos han sido limitados. La situación se complica cuando ciertos términos permanecen vigentes, a pesar de los intentos por dejarlos atrás, especialmente en contextos de gestión institucional.
Frecuentemente, al hablar de la población mundial, se utilizan indistintamente expresiones como «personas» o «seres humanos». Según datos de Worldometer, la población actual supera los ocho mil trescientos millones de habitantes, o dicho de otro modo, seres humanos.
En el ámbito de las ciencias sociales, los términos «ser social» y «ser humano» se emplean de manera intercambiable.
Las expresiones «habitantes», «seres humanos», «seres sociales» y «personas» conforman un conjunto léxico relacionado, que comparte un área de significado común aunque se utilice en contextos diferentes. En ámbitos comunicacionales y policiales se añaden términos como «individuos» o «sujetos». Este conjunto de términos refleja un tema recurrente en filosofía, psicología y sociología: la afirmación de que los seres humanos somos seres sociales, evidenciado por factores como el apego, la convivencia, la comunicación, la cooperación, los afectos y la interacción.
Sin embargo, surge una cuestión disruptiva: aunque existen muchos seres humanos, no todos son realmente humanos en sentido sustantivo. Mientras que «humano» se utiliza como calificativo o característica, lo que importa es que sea una condición real. Muchos individuos no demuestran ser realmente humanos, sino que exhiben conductas contrarias.
El cultivo excesivo del ego, el individualismo y el egoísmo ha conducido a un enfoque centrado en el yo, dejando poco espacio para el otro, el prójimo. En la modernidad actual, nos enfocamos en espejos y pantallas digitales en lugar de ventanas que nos permitan observar el entorno y la naturaleza. Esta distorsión convierte al otro en un recurso, una cifra o un número, deshumanizándolo.
La pregunta tradicional de reencuentro «¿cómo te fue?» refleja una obsesión por el rendimiento y los resultados cuantificables. Tratar a las personas como «capital humano» las convierte en cifras monetarizadas y rentables, lo cual es inaceptable pero soluble.
Es necesario promover el cambio a través de soluciones humanas, corregir el rumbo mediante nuevos modelos educativos, fortalecer lo actitudinal y nutrirnos emocionalmente. Esto permitirá valorar al otro, vernos en él y construir una auténtica comunidad.
La pregunta que debe replantearse es genuina, fraterna y humana: ¿cómo estás?
Con Información de g5noticias.cl




