Las redes sociales están adelantando estas conversaciones. Para Cognita, el desafío es anticiparse: proteger, acompañar y preparar a niños y adolescentes.
Actualmente, las redes sociales forman parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas. El 96,6% de los hogares en Chile cuenta con acceso a internet, de acuerdo con la Encuesta sobre Acceso, Usos y Usuarios de Internet 2025 de SUBTEL. Para muchos niños y adolescentes, contenidos sobre cuerpo, apariencia y relaciones pueden estar disponibles con solo algunos clics.
El desafío no se limita únicamente al tiempo que permanecen conectados. Un estudio longitudinal publicado en 2025 en Journal of Youth and Adolescence, que realizó seguimiento a 2.500 adolescentes de 11 a 16 años, examinó la relación entre la actividad centrada en la apariencia, la comparación con ideales de belleza y su internalización.
Esto puede manifestarse en preguntas que anteriormente parecían propias de etapas posteriores: «¿por qué ella es tan linda y yo no?», «¿por qué mi cuerpo no se ve así?» o «¿qué significa eso que vi en TikTok?».
Desde la perspectiva de salvaguarda de Cognita, la respuesta comienza antes de que exista una situación de riesgo: conocer a los estudiantes, escuchar lo que están viviendo, identificar señales tempranas y enseñarles a reconocer aquello que puede hacerles daño y solicitar ayuda. Esto también requiere involucrar a las familias y fortalecer habilidades socioemocionales para que puedan interpretar críticamente lo que encuentran en redes.
«Las redes no esperan a que los niños estén preparados para hablar de estos temas. Por eso, la conversación familiar tampoco puede esperar. No podemos dejar que el algoritmo sea quien les enseñe primero sobre su cuerpo, sus relaciones o sus límites», señala Valetina Cerda, Coordinadora de Salvaguarda de la red de colegios Cognita.
Cinco señales para que adultos y colegios estén atentos
- Un cambio en su comportamiento: aislamiento, irritabilidad o preocupación después de utilizar redes.
- Contenidos que no corresponden a su etapa: preguntas o referencias que pueden indicar exposición a material inapropiado.
- Deja de contar lo que encuentra: evita hablar de qué vio, con quién interactuó o cómo se sintió.
- Normaliza situaciones incómodas: presión, comentarios sobre el cuerpo o límites que antes le generaban rechazo.
- No sabe a quién pedir ayuda: no identifica a un adulto de confianza frente a algo que lo preocupa.
De controlar a acompañar
El diálogo puede iniciarse desde edades tempranas con conceptos como privacidad, partes del cuerpo, límites, respeto y consentimiento, para incorporar progresivamente autoestima, relaciones, presión social y sexualidad.
Este enfoque se vincula con la cultura de salvaguarda de Cognita y su trabajo en desarrollo socioemocional, como el programa Desarrollando Líderes Inspiradores (DLI), que involucra a estudiantes y familias. El objetivo es que la protección no quede limitada a controlar contenidos, sino que permita que niños y adolescentes desarrollen herramientas para reconocer riesgos, expresar lo que viven y solicitar ayuda.
Cuando se habla de salvaguarda, no se refiere únicamente a intervenir frente a una situación que ya ocurrió. También implica generar las condiciones para que los estudiantes sepan reconocer un riesgo, sepan que pueden hablar de él y tengan adultos preparados para escucharlos y acompañarlos.
Si las redes están adelantando estas conversaciones, la respuesta de los adultos también tiene que adelantarse.
Con Información de g5noticias.cl



