sábado, 12 de septiembre de 2026
Nacional

Potenciación del rendimiento deportivo: medio siglo de conocimiento científico en la optimización del desempeño atlético

Dos adolescentes se posicionan frente a frente en el centro de un círculo sin tocarse. Uno cruza los brazos, camina lentamente y sostiene la mirada, mientras el otro responde con una pose de anime o una celebración futbolera replicada de la televisión. Un grupo de jóvenes alrededor grita y determina quién proyectó mayor presencia. Esta escena se ha repetido en las últimas semanas en plazas de Providencia y Puerto Varas, y recibe el nombre de «farmear aura», término que desorienta a adultos mayores de treinta años. La expresión proviene del lenguaje gamer, donde farmear se refiere a repetir una acción para acumular recursos. Sin embargo, desde la perspectiva de las ciencias del deporte, esta conducta no es novedosa, sino antiquísima.

Es importante conocer el origen, dado que pocas personas lo mencionan. El rostro global de esta tendencia es Rayyan Arkan Dikha, un niño indonesio de once años que se hizo viral en 2025 al bailar con lentes oscuros en la proa de una embarcación. Ese video no surgió en TikTok, sino en el Pacu Jalur, una competencia tradicional de la provincia de Riau donde botes de hasta cuarenta metros avanzan impulsados por decenas de remeros. El niño no realizaba un espectáculo para redes sociales, sino que ocupaba un puesto denominado togak luan, responsable de marcar el ritmo e informar al público cuando la embarcación iba ganando. Este rol recae habitualmente en niños y adolescentes por una razón puramente física: requiere un control postural que pocos adultos pueden mantener sobre una superficie inestable en movimiento. El gesto corporal más viral de los últimos años se originó dentro de una competencia deportiva.

Esto resulta relevante porque el deporte lleva décadas estudiando exactamente eso. Un trabajo científico publicado en el Journal of Sports Sciences analizó ciento cincuenta y una tandas de penales en Mundiales y Eurocopas, codificando las acciones de cada jugador en los cinco segundos posteriores a convertir. Quienes expresaban orgullo de manera visible, con brazos arriba, torso expandido, pecho abierto y puños apretados, pertenecían mayoritariamente al equipo que terminó ganando la serie. La explicación que proponen los autores no es mística sino social: contagio emocional. El cuerpo del que celebra comunica información al compañero siguiente y al rival que espera su turno. Conviene aclarar que el estudio es observacional y describe una asociación, no una causa comprobada. Nadie gana una definición por celebrar bien.

Existe un dato aún más revelador. Tracy y Matsumoto publicaron un análisis de judocas de Juegos Olímpicos y Paralímpicos que incluyó atletas ciegos de nacimiento, personas que jamás habían visto a alguien celebrar una victoria. Al ganar, produjeron la misma postura que los demás: mentón elevado, brazos separados del cuerpo, torso ensanchado. La expresión de orgullo no se aprende observando televisión. Forma parte del repertorio humano. Lo que los adolescentes denominan aura es, en rigor, una gramática corporal de estatus que la especie utiliza desde mucho antes del algoritmo.

La conexión chilena resulta incómoda. La Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte 2024 mostró que solo el 26,4 por ciento de los niños, niñas y adolescentes entre cinco y diecisiete años cumple las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, y que en el contexto escolar esa cifra desciende al 18,5 por ciento. Mientras el país discute cómo lograr que los estudiantes se muevan sesenta minutos al día, cientos de adolescentes se autoconvocan por redes sociales para pasar una tarde completa de pie, improvisando movimiento y observando cuerpos ajenos. No es entrenamiento ni pretende serlo, y algunas convocatorias terminaron desbordadas por su propio tamaño. Pero como señal conductual es demasiado clara para descartarla. Lo que falla en la promoción de la actividad física rara vez es el cuerpo del adolescente. Casi siempre es el formato que se le ofrece.

El deporte fue, mucho antes de las redes sociales, la tecnología más eficiente que inventó la humanidad para farmear aura en público. Le puso reglas, escenario, jurado y un código compartido a un impulso que ya existía. Lo que hoy divierte o incomoda a los adultos en una plaza es la misma pulsión que llena estadios cada fin de semana. La pregunta relevante para la gestión deportiva no es cuánto durará la moda, sino por qué el sistema institucional necesita tanto presupuesto para activar el espacio público mientras miles de jóvenes lo activan solos, gratis, y sin que nadie sepa leer lo que están diciendo con el cuerpo.

Con Información de g5noticias.cl

editor

Redacción.

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