Experto analiza cómo la inteligencia satelital emerge como una herramienta para monitorear activos críticos, detectar cambios en el territorio y fortalecer la continuidad operacional.
Las lluvias extremas, aluviones, nevazones, variaciones en la disponibilidad de agua y movimientos del terreno están configurando un nuevo escenario para la minería chilena. En un sector donde la continuidad operacional depende de la estabilidad de caminos, taludes, tranques de relaves, botaderos e infraestructura crítica, la mayor frecuencia e intensidad de estos fenómenos está llevando a las compañías a replantear cómo gestionan sus riesgos.
Más que responder una vez ocurrido un evento, el desafío comienza a estar en anticiparse a sus efectos y contar con información suficiente para tomar decisiones antes de que una amenaza se transforme en una interrupción operacional. Para Daniel Cleffi, CEO para Latinoamérica de ICEYE, empresa especializada en inteligencia soberana desde el espacio y operadora de la mayor constelación privada de satélites de Radar de Apertura Sintética (SAR) del mundo, esta transformación implica avanzar hacia una gestión basada en información continua del territorio.
“El cambio climático está modificando la naturaleza de los riesgos que enfrenta la minería. Ya no hablamos solamente de eventos conocidos, sino de fenómenos más intensos y menos predecibles. Eso obliga a evolucionar desde una gestión reactiva hacia una capacidad permanente de anticipación”, señala Cleffi.
Del monitoreo periódico a la observación permanente
Uno de los principales cambios que está experimentando la industria es la incorporación de nuevas capas de información para complementar los sistemas tradicionales de monitoreo. Sensores en terreno, estaciones meteorológicas, modelos predictivos, inteligencia artificial y observación satelital comienzan a integrarse para entregar una visión más completa de lo que ocurre en torno a una operación.
En este escenario, los datos geoespaciales adquieren un papel cada vez más relevante. La posibilidad de observar de manera periódica grandes extensiones de territorio permite identificar cambios que pueden pasar inadvertidos en inspecciones puntuales, aportando antecedentes para la gestión de activos críticos y la planificación operacional.
“Así como hoy existen centros de monitoreo para supervisar distintos procesos de una faena, los datos satelitales se están convirtiendo en una nueva capa de inteligencia para entender cómo está cambiando el territorio y detectar señales que permitan actuar con anticipación”, explica el ejecutivo.
La tendencia apunta, por tanto, a que la observación del entorno deje de ser una actividad asociada exclusivamente a situaciones de emergencia y pase a formar parte de los procesos habituales de gestión de riesgos y continuidad operacional.
El siguiente paso de esta transformación está en combinar estas capacidades con inteligencia artificial y modelos analíticos. La tendencia apunta a que las imágenes satelitales dejen de ser únicamente un recurso visual para convertirse en información procesable que permita identificar anomalías, priorizar zonas de riesgo y generar alertas, mediante técnicas como la Detección de Cambios Coherente (CCD), que permite identificar movimientos del terreno imperceptibles a simple vista.
Hacia una infraestructura minera más resiliente
El desafío para Chile, sin embargo, no termina con incorporar nuevas herramientas. La modernización requiere también adaptar protocolos, procesos y sistemas de toma de decisiones para que la información generada por satélites, sensores terrestres y plataformas de análisis pueda integrarse efectivamente a la operación.
A nivel internacional, los datos satelitales están adquiriendo además una dimensión estratégica. La creciente búsqueda de capacidades espaciales soberanas por parte de distintos países responde no solo a la necesidad de monitorear fenómenos climáticos, sino también a la protección de infraestructura crítica, la autonomía tecnológica y la gestión de sectores estratégicos.
En ese contexto, iniciativas como el Centro Espacial Nacional abren nuevas posibilidades para que Chile fortalezca sus capacidades de observación y procesamiento de información sobre su territorio. Esa misma lógica, contar con observación satelital propia y permanente, es la que hoy se traslada también a sectores productivos como la minería, donde la continuidad operacional depende de monitorear el territorio sin interrupciones.
Para Cleffi, el desafío es avanzar hacia una lógica en que distintas fuentes de información puedan operar de manera complementaria. “Más que incorporar una tecnología específica, el desafío es evolucionar hacia una gestión basada en datos, donde la anticipación sea tan importante como la capacidad de respuesta. En un contexto de cambio climático, disponer de información confiable y oportuna será cada vez más determinante para mantener la seguridad, la continuidad operacional y la competitividad de la minería chilena”, concluye.




