viernes, 18 de septiembre de 2026
Nacional

Estudio científico chileno cuestiona el aumento de peso durante las festividades patrias

Cada septiembre, antes que las banderas, llegan las cifras sobre el aumento de peso durante las Fiestas Patrias. Se afirma que las personas suben tres, cinco o incluso triplican su consumo calórico diario. Esta advertencia se repite con regularidad en medios de comunicación y consultas médicas, siempre con tono de sentencia. Sin embargo, cuando se busca respaldar esta cifra en investigaciones que hayan medido el peso de chilenos antes y después de la festividad, el número no aparece.

Lo que existe es evidencia local que sugiere otra cosa. Un estudio longitudinal siguió a 104 colaboradores de la Universidad de Magallanes antes, durante y después de las Fiestas Patrias, midiendo peso, circunferencia de cintura, actividad física y patrón de ingesta alimentaria. Los resultados mostraron diferencias significativas en la ingesta calórica y de macronutrientes, pero ninguna en el peso, la cintura ni la actividad física de los participantes. Los colaboradores comieron distinto, pero no terminaron con un cuerpo diferente.

Una segunda investigación, publicada en el Journal of Movement and Health por el grupo IRyS de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, realizó mediciones más precisas. Evaluó con absorciometría dual de rayos X, la técnica de referencia para medir composición corporal, a estudiantes universitarios con sobrepeso y obesidad en dos ocasiones antes de las vacaciones de septiembre y una vez después. En este caso sí apareció un cambio: un aumento significativo de la masa grasa total de 428 gramos, junto con una caída del índice musculoesquelético relativo. Se trata de cuatrocientos veintiocho gramos, no cinco kilos, y un cambio que ninguna balanza doméstica podría detectar.

Es importante señalar que se trata de estudios chilenos con muestras reducidas, uno de ellos con apenas once participantes, lo que no permite cerrar definitivamente el tema. Sin embargo, incluso con estas limitaciones, representan más evidencia que la que respalda la cifra que se repite anualmente y que no cuenta con ninguna medición conocida detrás.

La diferencia entre lo que la balanza marca y lo que ocurre realmente en el cuerpo es donde las ciencias del deporte tienen algo relevante que aportar. La masa corporal total es un indicador deficiente en períodos cortos, porque varía por razones ajenas a la grasa. El sodio de un asado retiene agua. El alcohol altera el equilibrio hídrico. Cada gramo de glucógeno almacenado arrastra consigo varias veces su peso en agua, por lo que después de días de empanadas, sopaipillas y chicha el músculo e hígado están literalmente más llenos. Una buena parte de los kilos que aparecen el 19 de septiembre corresponde a agua, contenido intestinal y sustrato energético, que desaparece por sí solo. Lo que no desaparece solo es la pequeña fracción de grasa que se instaló y el músculo que se perdió por dejar de entrenar.

Ese es el punto que la conversación anual evita. El 18 no engorda a nadie. Pesa lo que no vuelve después. La rutina que se interrumpe un miércoles y se retoma en octubre, o nunca se retoma. A esto se suma un dato fisiológico bien documentado: un trabajo publicado en PLoS ONE mostró que ingerir alcohol después de una sesión de entrenamiento reduce las tasas de síntesis proteica muscular incluso cuando la persona consume proteína suficiente. Sumado al deterioro del sueño, la ecuación deja de ser calórica y se convierte en una cuestión de recuperación interrumpida.

Existe además una paradoja raramente mencionada. Las Fiestas Patrias son una de las pocas fechas del año en que Chile se mueve espontáneamente y sin discurso sanitario. Se baila cueca, que es actividad física de intensidad moderada, comparable a una caminata rápida. Se está de pie durante horas en fondas y ramadas. Se juega rayuela, se vuela volantín, se corre en patios ajenos. Todo esto ocurre sin aplicación, sin meta de pasos y sin culpa, en un país donde la última Encuesta Nacional de Salud mostró que cerca de nueve de cada diez adultos son inactivos en su tiempo libre. Septiembre no es la excepción sedentaria del calendario chileno. Es más bien lo contrario.

El problema no son cuatro días de exceso, sino el resto del año, que no genera titulares. La discusión sobre el peso del 18 funciona como coartada: permite hablar de salud una semana al año con cifras que ninguna investigación respalda, y después volver al silencio. La pregunta útil no es cuántos kilos se suben en Fiestas Patrias. Es por qué en Chile el movimiento colectivo solo aparece cuando la excusa es cultural, y desaparece apenas se le nombra como salud.

Con Información de g5noticias.cl

editor

Redacción.

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